Hola! Soy Angie, tengo 33 años, soy casada, mamá, amante del deporte, contadora de profesión, agente de Fianzas, emprendedora y esta es mi voz.
Angie Valero - Metepec, EdoMEx
Llevamos poco más de 66 días en confinamiento, cuarentena, encierro o como lo quieran llamar, pero son ya son más de 66 días y contando...
La única cuarentena que yo conocía era la del post parto y eso del encierro nunca fue lo mío, con ninguno de mis dos hijos “respeté” la cuarentena (aun cuando nacieron por cesárea) mis ganas de salir siempre fueron más grandes y aunque las salidas eran pocas durante este periodo, podíamos hacerlo.
Desde que empezó esto del COVID, mi hermano, que parece haber sido la inspiración de DreamWorks para el personaje de Melman (la jirafa de la película de Madagascar), nos empezó a bombardear con información de lo que debíamos de hacer; desde comprar víveres, hasta tener reservas de gel antibacterial y cubre bocas, decía, nos teníamos que ir preparando para lo inevitable. Debo confesar que cada que me mencionaba algo al respecto sentía un poco de miedo y angustia, pero me calmaba pensando que la enfermedad estaba muy lejos, no llegaría a México y seguro la iban a controlar antes de que se propagara por el mundo, que equivocada estaba.
Jamás me imaginé que el 12 de marzo sería el último día que mi hija iría a la escuela, que la gente se volvería loca comprando papel de baño, que el gel antibacterial se iba a agotar o que cuando por fin íbamos a retomar nuestras actividades, porque mi cuarentena de post parto “terminó” a inicios de marzo, íbamos a entrar en otra cuarentena de la cual no iba a haber fecha para que terminara.
Empezamos la cuarentena muy organizados, tratando de mantener la rutina de los niños y buscando tener actividades para que pudiéramos trabajar. Mi hija empezó con sus clases virtuales muy emocionada porque iba a usar la computadora de mamá y hacía todo lo que nos mandaban de la escuela. El bebé era muy fácil de manejar todavía, dormía gran parte de día, así que no iba a haber gran problema para que yo pudiera trabajar y mi esposo afortunadamente tiene todo lo que necesita para poder trabajar y entrenar en casa, que además de ser parte de su trabajo, el ejercicio para nosotros significa mantener la paz y la cordura en nuestro hogar.
Las primeras semanas pasaron muy en calma y debo de confesar que pensé que solo serían eso, un par de semanas y todo regresaría a la normalidad, pero nuevamente, qué equivocada estaba. Cuando anunciaron que la cuarentena se alargaría hasta mayo y empezaron a cancelar actividades no esenciales por todos lados, tomamos la decisión de que la señora que nos apoya en la casa se fuera también a su casa, no podíamos cargar con la responsabilidad de que se enfermara ella y su familia por nosotros. Hablamos con ella, llegamos a un acuerdo sin afectarla a ella y buscando apoyarnos todos y ahora sí, estábamos solamente los 4 con nuestros perros en casa. Nadie entraba, nadie salía. Fui a hacer el súper para no volver a salir en un mes y nos preparamos para la cuarentena, segunda parte.
Nos organizamos con las actividades de la casa y cuando yo me tenía que poner a trabajar mi esposo cuidaba a los niños y viceversa. Mi hija se levantaba a hacer ejercicio con su papá, salíamos a jugar al jardín, amábamos todas las actividades de la escuela y para que se cansara un poco; la sacábamos a dar vueltas en el triciclo y a correr un poco todos los días, pero cada día hacer las cosas era un poco más complicado que el anterior. Hasta que llegamos al caos.
Trabajar hoy en día se ha vuelto una misión imposible, el bebé ya no es tan bebé (acaba de cumplir 4 meses, tenía un mes y medio cuando todo esto empezó) y ya pide más atención, duerme menos y quiere estar pegado a mí todo el tiempo. Mi hija festejó su cumpleaños número 4 encerrada en casa con papá y mamá como sus únicos invitados y le pegó sin parar a su piñata que no se rompía aun después de haberle cantado por veinteava vez el “dale, dale, dale”. Las actividades de la escuela ya no nos emocionan tanto y mi hija dice que ya se quiere ir a su escuela porque extraña a sus amigos y sus maestras. No poder ver a sus abuelos y abrazarlos le ha costado mucho trabajo y extrañamos mucho a nuestras familias y amigos.
Admiro a todos los que son papás y pueden trabajar, hacer ejercicio y todo es paz y tranquilidad en casa. Mis días transcurren con mis dos hijos pegados a mi todo el tiempo; mi esposo y yo aún tenemos que trabajar, hacer los quehaceres de la casa, la comida y atender a los perros, todo esto mientras tomamos las clases en línea e intentamos hacer las actividades de la escuela, jugamos con ella, entretenemos al bebé, le cambiamos los pañales, además de amamantarlo cada 3 horas y no he logrado tener una conversación con mi esposo sin interrupciones. La realidad es que los días no me alcanzan para todo lo qué hay que hacer y en su mayoría las 11 de la noche se ha convertido en la hora en que me baño porque es cuando puedo hacerlo.
Pero aun en el caos en el que vivimos esta cuarentena, agradezco que estamos juntos, que no ha faltado comida en la mesa, que tenemos trabajo y toda nuestra familia y seres queridos están sanos y seguros. Extrañamos infinitamente nuestras actividades, nuestra normalidad y a nuestra familia. Hemos aprendido a valorar un abrazo y estar cerca de quienes amamos. Pero sobre todo agradecer que podemos quedarnos en casa y cuidarnos ante lo que estamos viviendo.
Nuestros días no son perfectos en cuarentena y nuestra familia tampoco, hemos gritado, llorado, hacemos berrinches, bailamos, nos reímos, hablamos sin parar, comemos sano y no tan sano, hacemos pasteles ricos y otros que nos quedan terribles, hacemos ejercicio (mi esposo y mi hija todos los días y yo cuando se puede y si se puede), nos ponemos tristes, entramos en desesperación, nos abrazamos más, leemos cuentos, inventamos canciones, dormidos en la misma cama, hacemos video llamadas, inventamos juegos, tenemos momentos de reflexión, hacemos planes, hay algunos momentos de paz, aveces tenemos silencios y a veces pasamos todo el día en pijama. Pero estamos juntos y eso es lo más importante para nosotros, con días buenos, días perfectos y otros que no lo son tanto, viviendo y aprendiendo de nuestro hermoso caos en cuarentena.