Sunday, May 17, 2020

Voces de una contingencia - Una montaña rusa… ¡y no cualquiera!

Una montaña rusa… ¡y no cualquiera!

La voz de Markel Lehman - CDMX 2020

Platicando días atrás con una querida amiga (¡y excelente triatleta… que vaya que no es cualquier cosa!) reflexionábamos sobre lo que seguramente todos en algún momento u otro hemos comentado también en las últimas semanas: la situación de la pandemia global por el aún de origen misterioso y murcielaguiento COVID-19, el no voluntario encierro y cuarentena salva vidas (con su respectiva desinformación y valemadrismo presidido por la honorable Sra. Susana Distancia) y el cómo todo esto ha venido a cambiar nuestras actividades, rutinas e inclusive en algunos casos la forma de ver las cosas y la vida misma.

- ¿Cómo vas y cómo estás? ¿Cómo la has pasado? - fue la pregunta de Ceci hacia mí. Un rotundo y profundo “bien” fue mi inmediata respuesta, la cual fue seguida de una espontánea carcajada (supongo por mí por demás elocuente respuesta) y de su invitación a compartir, a través de algunas líneas, el cómo ha sido en mi muy particular experiencia en estas ahora ya 6 semanas de encierro cuarentenoso.  

Una montaña rusa es la mejor analogía que encuentro para describir este tiempo. Pero antes considero necesario terminar de explicar que el “bien” de mi respuesta claro que llevaba elocuencia y profunda reflexión, aunque esta no fuera precisamente explícita. Bien porque soy de las afortunadas personas en las que no se ha presentado ningún tema de salud: ni en este narrador ni en nadie de mi familia o amigos cercanos. Bien porque, a diferencia de ya varios miles de personas, sigo teniendo trabajo (sin afectación de ingreso hasta el momento) que puedo realizar desde casa o desde cualquier lugar con conexión a internet. Bien porque gracias a Dios no ha faltado ni un solo día que comer ni actividades que hacer en casa con mi esposa y con mis hijos (ahora, aparte de padres de familia, somos maestros, lava lozas, cocineros, personal de limpieza, niñeras, psicoterapeutas y verdugos titulares de la Santa Inquisición). Bien porque, aún con limitantes y adaptándose a lo que hay, he podido continuar entrenando y preparándome para esa meta que me fijé para 2020; aunque, honestamente, cada día veo más complicado poder cumplir.

Quizá no a todos les guste la experiencia de montarse en una montaña rusa y la serie de diferentes sensaciones que esto provoca. Pero considero que la gran mayoría podemos coincidir en que, sin importar su tamaño, duración y nivel de extremismo e intensidad, estas representan una especie de reto a lo desconocido que a momentos puede ser altamente satisfactorio en inclusive gozable… y de un momento a otro pasar a ser aterrador, inquietantemente desesperanzador (no ves el momento en que ya se termine “el paseo”) y, por supuesto, de alto arrepentimiento e incertidumbre.  Al final solo hay 3 verdades o conclusiones: el paseo sabes en qué momento y cómo va a terminar y, o te gusta lo suficiente como volver a repetirlo o quedas curado de espanto para no hacerlo nunca más.

Pues bien, todo esto ha sido mi vida en las últimas semanas: momentos de mucha alegría y gratitud por la oportunidad de poder ver y convivir más con mis hijos y esposa, y en contraparte un exceso de convivencia (24 hrs por 7 días a la semana) al que ninguno está acostumbrado y que se convierte en irritabilidad, poca tolerancia, hastío y varios conatos ya de inicio de conflicto bélico no armado por diferencias irreconciliables entre mis 2 pequeños terroristas en potencia (3 y 6 años respectivamente) y el cuerpo de negociación y paz… que a estas alturas ya no tiene más paz ni intención de negociar nada diferente a romper el encierro.

Trabajar en casa (home office para los que no entiendan) ha sido todo un reto: no por la disciplina, auto control y alta concentración que se requiere… sino porque de nueva cuenta entran en la ecuación los pequeños de la casa que no entienden de estas metodologías y cada 5 min es un buen momento para pedir o hacer algo diferente: “Papá… ¿Me sirves agua por favor?” “Es que quiero unas poquitas de papitas”. “Mamá… mi hermano me sacó la lengua”, etc. etc. O bien, el “oye, ya que estas aquí fíate que hace falta x, y, z de hacer en la casa”. Claro que está padre ahorrarse al menos 2 horas de tráfico todos los días, despertar un poco más tarde, vestir más cómodo y comer sano en casa. Pero por supuesto hace falta y se extraña ese tiempo y espacio propicio para enfocarse en resolver temas cotidianos de proyectos y negocios, donde las interrupciones son incluso mucho más trascendentes y redituables que lavar platos sucios o levantar juguetes tirados (sin que suene a queja pues es una actividad necesaria y al menos en esta casa responsabilidad compartida y no de una persona en particular).

Entrenar es la otra actividad que voy a mencionar (ni modo: al igual que Ceci también soy triatleta) que ha tenido estrepitosas subidas y bajadas: días de mucho enfoque, fuerza y disciplina sacando lo mejor de la actitud y de los instrumentos caseros improvisados para hacer un buen entrenamiento promedio con la ventaja de ganar tiempo al no tener que desplazarte a algún lugar en específico, por otros tantos de completa apatía, desgano y falta de fuerza. Montar la bici y rodar por horas sin desplazarte ni medio metro. Tantas quejas por “lo monótono que puede ser correr” y ahora no poder hacerlo ni en una calle no mayor a 100 mts. zambullirse en el agua… y no precisamente en la de la regadera.  

No es solo una crisis sanitaria y económica la que estamos viviendo: es también crisis emocional (y el que diga que es suficientemente fuerte y estaba preparado para esto por supuesto que miente por convivir). Es crisis existencial y un sinnúmero de crisis nerviosas y relacionales que se están viendo a nivel personal y de parejas: la violencia intrafamiliar ha incrementado (ya lo dicen las noticias) y ya veremos cuantos casos de rupturas y divorcios por COVID se empiezan a reportar en unos días que abran los juzgados… sobre todo de aquellas relaciones que ya estaban en “grupo de riesgo”. La presión de demostrar en el trabajo que se puede ser productivo y “no fallar” a este voto de confianza. El tratar de “sacar provecho al tiempo en otras cosas” cuando irónicamente en algunos casos (el mío al menos) es lo que falta, pues ahora son días que duran al menos 12 horas sin contar el tiempo de inexplicable insomnio. El aprender algo nuevo pues “si no has aprendido nada de todo esto, entonces no ha servido de nada”. El ser fuertes y resistentes a niveles que no sabíamos que podíamos porque hoy aguantar es la única alternativa.

No lo voy a negar: claro que hay cosas que valoro, agradezco, aprecio y que he disfrutado estas semanas… pero yo estoy en el punto en el que ya me quiero bajar. Iluso: es bien sabido que una vez que ha comenzado NADIE se baja de una montaña rusa sino hasta que termina el paseo. La diferencia es que esta que estamos viviendo seguirá teniendo subidas y bajadas sorpresivas y eventualmente (y me refiero a meses o inclusive años) se hará más llevadera, pero no va a terminar.
No deja de ser una montaña rusa… ¡y vaya que no cualquiera!

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