¿Encierro o resguardo?
De la voz de Alida Davis - CDMX Mayo 2020
Me parece algo extraordinario plasmar los relatos de las diferentes formas que hemos vivido esta pandemia, así que agradezco a Ceci la invitación para platicarles mi vivencia.
Alguna vez de pequeña jugaste el juego que dice: “Engarróteseme ahí”, en el cual todos corríamos y cuando el guía decía esa frase, debíamos quedarnos congelados, sin movernos.
Me parece que todo comenzó así: de pronto todos tuvimos que detenernos justo como estábamos, sin previo aviso, a pesar que sabíamos que ya estaba la pandemia en el mundo, había cierta incredulidad y resistencia, de tal forma que cuando se pararon las actividades nos tocó ver nuestro propio reflejo y el momento preciso de vida en el que estábamos.
Si no tenías estabilidad en el trabajo, es muy posible que a raíz de esto ahora no tengas trabajo; si no habías ahorrado, seguramente se está afectando tu economía; si no estabas en un buen momento familiar, es posible que estés teniendo dificultad para convivir con tus seres queridos; si no habías cuidado tu salud, sabes que estás más vulnerable y tu sistema inmunológico puede estar débil; si no sabías adaptarte a los cambios, ahora estarás batallando para ser creativo e innovador.
Así de repentino, increíble e inesperado en un mundo de gran avance científico, tecnológico y de comunicación instantánea, un objeto microscópico nos paró.
Particularmente me tomó en un momento de gran cambio en mi vida, ya que justamente se acababa de ir mi hija de casa para comenzar su propio camino, así que no me dio tiempo ni de pasar mi duelo, cuando ya tenía que concentrarme en una cuarentena que implicó una cancelación total de todos mis proyectos de trabajo y en enfocarme en forma inmediata en la manera que tendría que generar para sustentar los gastos fijos que implica tener una empresa. Así que si me preguntas ¿cómo me ha ido? Te puedo decir que al principio fue una crisis en todos los sentidos: económico, emocional e inclusive mental, porque de vivir siempre en movimiento, viajes, gente, empresas, citas y al minuto, de pronto no había aparentemente nada qué hacer. Lo cual, antagónicamente me ha hecho mucho bien, porque lo único que encontré para hacer fue: “volverme a hacer”. Así como lo escribo y tal cual como dijo Einstein: “La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo”
Así que esta angustia no solo de la enfermedad, sino también de la crisis económica, me hizo crear nuevas formas de hacer las cosas.
Lo primero fue trabajar en mí: tomé una rutina diaria que incluía ejercicio, alimentación sana, activación cognoscitiva como rompecabezas y sudokus, lectura, reforzamiento de idioma inglés, meditación, música todo el tiempo acompañándome y alternativas virtuales para seguir trabajando las cuales tuvieron dos funciones: la primera fue hacer servicio social, así que mis primeros cursos y coaching fueron donados a instituciones y personas que requerían ayuda, lo cual me hizo mucho bien a mí también porque me sentí útil y socialmente responsable; lo segundo fue a clientes; te puedo decir que después de dos meses, las opciones de trabajar en formato virtual se han abierto en su totalidad. Es increíble que para las empresas ya no ha habido límite, ahora están trabajando así sus juntas, capacitaciones, competencias y hasta convenciones. Me parece que este formato virtual, llegó para quedarse, porque el ahorro en todos los sentidos es muy grande: en tiempo, en practicidad, en economía y hasta en resultados ya que todos trabajamos más de esta manera.
Así ha sido la “forma” en que me ha tomado esta pandemia, sin embargo, el “fondo” es distinto: no dejo de pensar en toda la gente que está siendo afectada aún mucho más que yo. Pienso en los médicos, enfermeros, en el caos de los hospitales, los enfermos, los familiares, la gente que tiene un espacio muy pequeño para vivir junto con muchos miembros de su familia y en quienes no tienen otra alternativa más que salir a trabajar y arriesgarse para poder comer; eso me duele, me angustia, me preocupa, me siento con una gran impotencia de aparentemente “no poder hacer nada”, que justo es lo que me ha hecho entender, que lo único que sí podemos hacer es: “estar en casa”.
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