Thursday, May 28, 2020

Voces de una contingencia - Esta es mi voz

Hola! Soy Angie, tengo 33 años, soy casada, mamá, amante del deporte, contadora de profesión, agente de Fianzas, emprendedora  y esta es mi voz.


Angie Valero - Metepec, EdoMEx


Llevamos poco más de 66 días en confinamiento, cuarentena, encierro o como lo quieran llamar, pero son ya son más de 66 días y contando... 

La única cuarentena que yo conocía era la del post parto y eso del encierro nunca fue lo mío, con ninguno de mis dos hijos “respeté” la cuarentena (aun cuando nacieron por cesárea) mis ganas de salir siempre fueron más grandes y aunque las salidas eran pocas durante este periodo, podíamos hacerlo. 

Desde que empezó esto del COVID, mi hermano, que parece haber sido la inspiración de DreamWorks para el personaje de Melman (la jirafa de la película de Madagascar), nos empezó a bombardear con información de lo que debíamos de hacer; desde comprar víveres, hasta tener reservas de gel antibacterial y cubre bocas, decía, nos teníamos que ir preparando para lo inevitable. Debo confesar que cada que me mencionaba algo al respecto sentía un poco de miedo y angustia, pero me calmaba pensando que la enfermedad estaba muy lejos, no llegaría a México y seguro la iban a controlar antes de que se propagara por el mundo, que equivocada estaba. 

Jamás me imaginé que el 12 de marzo sería el último día que mi hija iría a la escuela, que la gente se volvería loca comprando papel de baño, que el gel antibacterial se iba a agotar o que cuando por fin íbamos a retomar nuestras actividades, porque mi cuarentena de post parto “terminó” a inicios de marzo, íbamos a entrar en otra cuarentena de la cual no iba a haber fecha para que terminara. 

Empezamos la cuarentena muy organizados, tratando de mantener la rutina de los niños y buscando tener actividades para que pudiéramos trabajar. Mi hija empezó con sus clases virtuales muy emocionada porque iba a usar la computadora de mamá y hacía todo lo que nos mandaban de la escuela. El bebé era muy fácil de manejar todavía, dormía gran parte de día, así que no iba a haber gran problema para que yo pudiera trabajar y mi esposo afortunadamente tiene todo lo que necesita para poder trabajar y entrenar en casa, que además de ser parte de su trabajo, el ejercicio para nosotros significa mantener la paz y la cordura en nuestro hogar.

Las primeras semanas pasaron muy en calma y debo de confesar que pensé que solo serían eso, un par de semanas y todo regresaría a la normalidad, pero nuevamente, qué equivocada estaba. Cuando anunciaron que la cuarentena se alargaría hasta mayo y empezaron a cancelar actividades no esenciales por todos lados, tomamos la decisión de que la señora que nos apoya en la casa se fuera también a su casa, no podíamos cargar con la responsabilidad de que se enfermara ella y su familia por nosotros. Hablamos con ella, llegamos a un acuerdo sin afectarla a ella y buscando apoyarnos todos y ahora sí, estábamos solamente los 4 con nuestros perros en casa. Nadie entraba, nadie salía. Fui a hacer el súper para no volver a salir en un mes y nos preparamos para la cuarentena, segunda parte. 

Nos organizamos con las actividades de la casa y cuando yo me tenía que poner a trabajar mi esposo cuidaba a los niños y viceversa. Mi hija se levantaba a hacer ejercicio con su papá, salíamos a jugar al jardín, amábamos todas las actividades de la escuela y para que se cansara un poco; la sacábamos a dar vueltas en el triciclo y a correr un poco todos los días, pero cada día hacer las cosas era un poco más complicado que el anterior. Hasta que llegamos al caos. 

Trabajar hoy en día se ha vuelto una misión imposible, el bebé ya no es tan bebé (acaba de cumplir 4 meses, tenía un mes y medio cuando todo esto empezó) y ya pide más atención, duerme menos y quiere estar pegado a mí todo el tiempo. Mi hija festejó su cumpleaños número 4 encerrada en casa con papá y mamá como sus únicos invitados y le pegó sin parar a su piñata que no se rompía aun después de haberle cantado por veinteava vez el “dale, dale, dale”. Las actividades de la escuela ya no nos emocionan tanto y mi hija dice que ya se quiere ir a su escuela porque extraña a sus amigos y sus maestras. No poder ver a sus abuelos y abrazarlos le ha costado mucho trabajo y extrañamos mucho a nuestras familias y amigos.

Admiro a todos los que son papás y pueden trabajar, hacer ejercicio y todo es paz y tranquilidad en casa. Mis días transcurren con mis dos hijos pegados a mi todo el tiempo; mi esposo y yo aún tenemos que trabajar, hacer los quehaceres de la casa, la comida y atender a los  perros, todo esto mientras tomamos las clases en línea e intentamos hacer las actividades de la escuela, jugamos con ella, entretenemos al bebé, le cambiamos los pañales, además de amamantarlo cada 3 horas y no he logrado tener una conversación con mi esposo sin interrupciones. La realidad es que los días no me alcanzan para todo lo qué hay que hacer y en su mayoría las 11 de la noche se ha convertido en la hora en que me baño porque es cuando puedo hacerlo. 

Pero aun en el caos en el que vivimos esta cuarentena, agradezco que estamos juntos, que no ha faltado comida en la mesa, que tenemos trabajo y toda nuestra familia y seres queridos están sanos y seguros. Extrañamos infinitamente nuestras actividades, nuestra normalidad y a nuestra familia. Hemos aprendido a valorar un abrazo y estar cerca de quienes amamos. Pero sobre todo agradecer que podemos quedarnos en casa y cuidarnos ante lo que estamos viviendo. 

Nuestros días no son perfectos en cuarentena y nuestra familia tampoco, hemos gritado, llorado, hacemos berrinches, bailamos, nos reímos, hablamos sin parar, comemos sano y no tan sano, hacemos pasteles ricos y otros que nos quedan terribles, hacemos ejercicio (mi esposo y mi hija todos los días y yo cuando se puede y si se puede), nos ponemos tristes, entramos en desesperación, nos abrazamos más, leemos cuentos, inventamos canciones, dormidos en la misma cama, hacemos video llamadas, inventamos juegos, tenemos momentos de reflexión, hacemos planes, hay algunos momentos de paz, aveces tenemos silencios y a veces pasamos todo el día en pijama. Pero estamos juntos y eso es lo más importante para nosotros, con días buenos, días perfectos y otros que no lo son tanto, viviendo y aprendiendo de nuestro hermoso caos en cuarentena.

Wednesday, May 20, 2020

Voces de una contingencia - ¿Encierro o Resguardo?


¿Encierro o resguardo?


De la voz de Alida Davis - CDMX Mayo 2020


Me parece algo extraordinario plasmar los relatos de las diferentes formas que hemos vivido esta pandemia, así que agradezco a Ceci la invitación para platicarles mi vivencia.

Alguna vez de pequeña jugaste el juego que dice: “Engarróteseme ahí”, en el cual todos corríamos y cuando el guía decía esa frase,  debíamos quedarnos congelados, sin movernos. 

Me parece que todo comenzó así: de pronto todos tuvimos que detenernos justo  como estábamos, sin previo aviso, a pesar que sabíamos que ya estaba la pandemia en el mundo, había cierta incredulidad y resistencia, de tal forma que cuando se pararon las actividades nos tocó ver nuestro propio reflejo y el momento preciso de vida en el que estábamos.

Si no tenías estabilidad en el trabajo, es muy posible que a raíz de esto ahora no tengas trabajo; si no habías ahorrado, seguramente se está afectando tu economía; si no estabas en un buen momento familiar, es posible que estés teniendo dificultad para convivir con tus seres queridos; si no habías cuidado tu salud, sabes que estás más vulnerable y tu sistema inmunológico puede estar débil; si no sabías adaptarte a los cambios, ahora estarás batallando para ser creativo e innovador.

Así de repentino, increíble e inesperado en un mundo de gran avance científico, tecnológico y de comunicación instantánea, un objeto microscópico nos paró.

Particularmente me tomó en un momento de gran cambio en mi vida, ya que justamente se acababa de ir mi hija de casa para comenzar su propio camino, así que no me dio tiempo ni de pasar mi duelo, cuando ya tenía que concentrarme en una cuarentena que implicó una cancelación total de todos mis proyectos de trabajo y en enfocarme en forma inmediata en la manera que tendría que generar para sustentar los gastos fijos que implica tener una empresa.  Así que si me preguntas ¿cómo me ha ido? Te puedo decir que al principio fue una crisis en todos los sentidos: económico, emocional e inclusive mental, porque de vivir siempre en movimiento, viajes, gente, empresas, citas y al minuto, de pronto no había aparentemente nada qué hacer.    Lo cual, antagónicamente me ha hecho mucho bien, porque lo único que encontré para hacer fue: “volverme a hacer”. Así como lo escribo y tal cual como dijo Einstein: “La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo”

Así que esta angustia no solo de la enfermedad, sino también de la crisis económica, me hizo crear nuevas formas de hacer las cosas.

Lo primero fue trabajar en mí: tomé una rutina diaria que incluía ejercicio, alimentación sana, activación cognoscitiva como rompecabezas y sudokus, lectura, reforzamiento de idioma inglés, meditación, música todo el tiempo acompañándome y alternativas virtuales para seguir trabajando las cuales tuvieron dos funciones: la primera fue hacer servicio social, así que mis primeros cursos y coaching fueron donados a instituciones y personas que requerían ayuda, lo cual me hizo mucho bien a mí también porque me sentí útil y socialmente responsable; lo segundo fue a clientes; te puedo decir que después de dos meses, las opciones de trabajar en formato virtual se han abierto en su totalidad.  Es increíble que para las empresas ya no ha habido límite,  ahora están trabajando así sus juntas, capacitaciones, competencias y hasta convenciones. Me parece que este formato virtual, llegó para quedarse, porque el ahorro en todos los sentidos es muy grande: en tiempo, en practicidad, en economía y hasta en resultados ya que todos trabajamos más de esta manera.


Así ha sido la “forma” en que me ha tomado esta pandemia, sin embargo, el “fondo” es distinto: no dejo de pensar en toda la gente que está siendo afectada aún mucho más que yo. Pienso en los médicos, enfermeros, en el caos de los hospitales, los enfermos, los familiares, la gente que tiene un espacio muy pequeño para vivir junto con muchos miembros de su familia y en quienes no tienen otra alternativa más que salir a trabajar y arriesgarse para poder comer; eso me duele, me angustia, me preocupa, me siento con una gran impotencia de aparentemente “no poder hacer nada”, que justo es lo que me ha hecho entender, que lo único que sí podemos hacer es: “estar en casa”.

Así que más que un encierro, para mí es un resguardo, una medida muy dura que debemos seguir no solo por bien propio, sino por la responsabilidad de cuidar a los demás y de cuidarnos a todos.

Sunday, May 17, 2020

Voces de una contingencia - Una montaña rusa… ¡y no cualquiera!

Una montaña rusa… ¡y no cualquiera!

La voz de Markel Lehman - CDMX 2020

Platicando días atrás con una querida amiga (¡y excelente triatleta… que vaya que no es cualquier cosa!) reflexionábamos sobre lo que seguramente todos en algún momento u otro hemos comentado también en las últimas semanas: la situación de la pandemia global por el aún de origen misterioso y murcielaguiento COVID-19, el no voluntario encierro y cuarentena salva vidas (con su respectiva desinformación y valemadrismo presidido por la honorable Sra. Susana Distancia) y el cómo todo esto ha venido a cambiar nuestras actividades, rutinas e inclusive en algunos casos la forma de ver las cosas y la vida misma.

- ¿Cómo vas y cómo estás? ¿Cómo la has pasado? - fue la pregunta de Ceci hacia mí. Un rotundo y profundo “bien” fue mi inmediata respuesta, la cual fue seguida de una espontánea carcajada (supongo por mí por demás elocuente respuesta) y de su invitación a compartir, a través de algunas líneas, el cómo ha sido en mi muy particular experiencia en estas ahora ya 6 semanas de encierro cuarentenoso.  

Una montaña rusa es la mejor analogía que encuentro para describir este tiempo. Pero antes considero necesario terminar de explicar que el “bien” de mi respuesta claro que llevaba elocuencia y profunda reflexión, aunque esta no fuera precisamente explícita. Bien porque soy de las afortunadas personas en las que no se ha presentado ningún tema de salud: ni en este narrador ni en nadie de mi familia o amigos cercanos. Bien porque, a diferencia de ya varios miles de personas, sigo teniendo trabajo (sin afectación de ingreso hasta el momento) que puedo realizar desde casa o desde cualquier lugar con conexión a internet. Bien porque gracias a Dios no ha faltado ni un solo día que comer ni actividades que hacer en casa con mi esposa y con mis hijos (ahora, aparte de padres de familia, somos maestros, lava lozas, cocineros, personal de limpieza, niñeras, psicoterapeutas y verdugos titulares de la Santa Inquisición). Bien porque, aún con limitantes y adaptándose a lo que hay, he podido continuar entrenando y preparándome para esa meta que me fijé para 2020; aunque, honestamente, cada día veo más complicado poder cumplir.

Quizá no a todos les guste la experiencia de montarse en una montaña rusa y la serie de diferentes sensaciones que esto provoca. Pero considero que la gran mayoría podemos coincidir en que, sin importar su tamaño, duración y nivel de extremismo e intensidad, estas representan una especie de reto a lo desconocido que a momentos puede ser altamente satisfactorio en inclusive gozable… y de un momento a otro pasar a ser aterrador, inquietantemente desesperanzador (no ves el momento en que ya se termine “el paseo”) y, por supuesto, de alto arrepentimiento e incertidumbre.  Al final solo hay 3 verdades o conclusiones: el paseo sabes en qué momento y cómo va a terminar y, o te gusta lo suficiente como volver a repetirlo o quedas curado de espanto para no hacerlo nunca más.

Pues bien, todo esto ha sido mi vida en las últimas semanas: momentos de mucha alegría y gratitud por la oportunidad de poder ver y convivir más con mis hijos y esposa, y en contraparte un exceso de convivencia (24 hrs por 7 días a la semana) al que ninguno está acostumbrado y que se convierte en irritabilidad, poca tolerancia, hastío y varios conatos ya de inicio de conflicto bélico no armado por diferencias irreconciliables entre mis 2 pequeños terroristas en potencia (3 y 6 años respectivamente) y el cuerpo de negociación y paz… que a estas alturas ya no tiene más paz ni intención de negociar nada diferente a romper el encierro.

Trabajar en casa (home office para los que no entiendan) ha sido todo un reto: no por la disciplina, auto control y alta concentración que se requiere… sino porque de nueva cuenta entran en la ecuación los pequeños de la casa que no entienden de estas metodologías y cada 5 min es un buen momento para pedir o hacer algo diferente: “Papá… ¿Me sirves agua por favor?” “Es que quiero unas poquitas de papitas”. “Mamá… mi hermano me sacó la lengua”, etc. etc. O bien, el “oye, ya que estas aquí fíate que hace falta x, y, z de hacer en la casa”. Claro que está padre ahorrarse al menos 2 horas de tráfico todos los días, despertar un poco más tarde, vestir más cómodo y comer sano en casa. Pero por supuesto hace falta y se extraña ese tiempo y espacio propicio para enfocarse en resolver temas cotidianos de proyectos y negocios, donde las interrupciones son incluso mucho más trascendentes y redituables que lavar platos sucios o levantar juguetes tirados (sin que suene a queja pues es una actividad necesaria y al menos en esta casa responsabilidad compartida y no de una persona en particular).

Entrenar es la otra actividad que voy a mencionar (ni modo: al igual que Ceci también soy triatleta) que ha tenido estrepitosas subidas y bajadas: días de mucho enfoque, fuerza y disciplina sacando lo mejor de la actitud y de los instrumentos caseros improvisados para hacer un buen entrenamiento promedio con la ventaja de ganar tiempo al no tener que desplazarte a algún lugar en específico, por otros tantos de completa apatía, desgano y falta de fuerza. Montar la bici y rodar por horas sin desplazarte ni medio metro. Tantas quejas por “lo monótono que puede ser correr” y ahora no poder hacerlo ni en una calle no mayor a 100 mts. zambullirse en el agua… y no precisamente en la de la regadera.  

No es solo una crisis sanitaria y económica la que estamos viviendo: es también crisis emocional (y el que diga que es suficientemente fuerte y estaba preparado para esto por supuesto que miente por convivir). Es crisis existencial y un sinnúmero de crisis nerviosas y relacionales que se están viendo a nivel personal y de parejas: la violencia intrafamiliar ha incrementado (ya lo dicen las noticias) y ya veremos cuantos casos de rupturas y divorcios por COVID se empiezan a reportar en unos días que abran los juzgados… sobre todo de aquellas relaciones que ya estaban en “grupo de riesgo”. La presión de demostrar en el trabajo que se puede ser productivo y “no fallar” a este voto de confianza. El tratar de “sacar provecho al tiempo en otras cosas” cuando irónicamente en algunos casos (el mío al menos) es lo que falta, pues ahora son días que duran al menos 12 horas sin contar el tiempo de inexplicable insomnio. El aprender algo nuevo pues “si no has aprendido nada de todo esto, entonces no ha servido de nada”. El ser fuertes y resistentes a niveles que no sabíamos que podíamos porque hoy aguantar es la única alternativa.

No lo voy a negar: claro que hay cosas que valoro, agradezco, aprecio y que he disfrutado estas semanas… pero yo estoy en el punto en el que ya me quiero bajar. Iluso: es bien sabido que una vez que ha comenzado NADIE se baja de una montaña rusa sino hasta que termina el paseo. La diferencia es que esta que estamos viviendo seguirá teniendo subidas y bajadas sorpresivas y eventualmente (y me refiero a meses o inclusive años) se hará más llevadera, pero no va a terminar.
No deja de ser una montaña rusa… ¡y vaya que no cualquiera!

Monday, May 4, 2020

Voces de una contingencia - Vol. 1

Vivimos un momento histórico que nadie pensó posible en pleno siglo XXI. 


La situación no llegó de sorpresa, pero debo confesar que sí me tomó por sorpresa, estaba latente sin embargo muy dentro de mí no quería ni creería, pero también sabía que tarde o temprano llegaría y llegaría fuerte. 

En mi caso tengo la fortuna de poder trabajar desde casa, la vida sigue su curso, sin embargo a la par de esto mi meta del año de cruzar una meta mas en este caso de Ironman Texas se ha visto pospuesto hasta 2021, creo que todos cambiamos más de un plan este año.

Pero todo esto pareciera un tanto imposible cuando ves números y números de gente contagiada, gente que ha fallecido, gente que ha perdido su empleo, cifras que van en aumento como el precio del dólar, cifras en detrimento como el precio del petróleo, o notas en las que no se sabe si es un show de comedia como las enfrijoladas de Anahí o la mañanera misma. 

Hay mucha incertidumbre en el aire y además parece que de pronto todo es un concurso de ver quién cocina más saludable o quien puede hacer planks por más tiempo, quién sube más veces el Alpe du Zwift.

Vaya, dónde queda el solo salir vivo de esta. Hay tantas noticias en el ambiente, tantas creencias, pero me divierten mucho los que dicen que el Covid es un invento para alguna teoría de la conspiración, mientras se quedan en casa, o los que dicen que les roban el líquido de las rodillas, creo que ese será mi recuerdo más divertido.

Pero sea lo que sea, es que hay algo allá afuera, estas semanas creo que hemos visto lo mejor y lo peor de mucha gente, pero les dejo aquí mi par de reflexiones.

1. Hay mucha gente en la calle!!!!! De primera impresión puede parecer que hay muchísima gente en la calle, quizá desde mi privilegiada posición sea muy fácil juzgar puesto que no sé ni de dónde vienen ni a dónde van. Espero de todo corazón que realicen solo actividades esenciales.

2. El home office es posible, y además efectivo. Pero admiro sobremanera a quienes tienen hijos, de todas las edades. Enfrentar el confinamiento con bebés, con hijos con miles de preguntas o pubertos hormonales. Qué complicado.

3. La sociedad no está preparada para vivir en confinamiento. Tengo diversas teorías pero la expresión “te pica tu casa” hoy toma más relevancia. Pareciera que de pronto todos necesitan estar en la calle.

4. <Voy a generalizar> Ahora todos resultaron muy deportistas y con una urgencia de salir a correr o rodar. Espero mantengan ese ímpetu cuando se regularice la temporada.

5. Creo que seguimos sin darle importancia a las enfermedades mentales. Debo confesar que en el pasado las mencionaba en un tono de burla, sin embargo fantasmas como la depresión están ahí, y son más comunes de lo que creemos. Está bien pedir ayuda profesional (me encantaría de alguna form ayudar pero no estoy ni cercanamente calificada), a veces los cables se desconectan.

6. Mi confesión whitexican es que extraño el comedor godin. Es un alivio no tener que decidir el menú diario ni tener que lavar tantos platos y ollas, parecen nunca acabar, son como gremlins que se reproducen en la noche a la primer gota de agua.

7. Le debo parte de mi salud mental y emocional en este confinamiento a las horas en la bicicleta. Que fortuna el tener un rodillo y poder seguir entrenando desde casa, además de todas las plataformas  que ya hay para entrenar co o Zwift, RGT o Rouvy. Las cuales además permiten hacer “meets” y puedes rodar con tu grupo una cierta ruta, estamos juntos a la distancia. Y después comentar lo pesado que fue subir el volcán y luego el Alpe du Zwift. Esa dosis de endorfinas ha sido clave para poder sonreír ante esta situación.

Nos queda en principio un mes más y no sé bien cómo saldremos, pero no queda más que buscar el lado positivo y encontrar la raíz de nuestra fortuna (la cual escribo desde la comodidad de mi casa). Cuando volvamos a salir será nuestra labor el tratar de reconformar al mundo y como se ha mencionado hasta crear un nuevo orden, no lo tengo muy claro pero espero sea diferente y no lo olvidemos en un par de meses.

Estamos todos juntos en esto y todos debemos poner nuestra gotita de agua en este mar.

Ps. Mención especial a Netflix por todos los documentales que he descubierto para aligerar las horas en el rodillo.

Ps 2. Los fines de semana no saben más largos, quizá hasta más cortos.

Ps 3. Ya no hay Jacarandas en CDMX.


Si no te aburrí lo suficiente y has llegado hasta este final, me gustaría escuchar tu voz. Si quieres compartir tu voz déjame un comentario.